domingo, 7 de febrero de 2016

RESOLUCIÓN POLÍTICA AL COMITÉ PROVINCIAL DEL PCA DE SEVILLA DE 6/02/2016 (Aprobada por unanimidad)



Comenzamos abordando dos cuestiones previas que en estos días han estado siendo debatidas en las reuniones de nuestras agrupaciones y que han generado bastante inquietud. Es preciso aclarar que ambas han sido abordadas en la última sesión del Comité Federal del PCE y que, por tanto, están ya resueltas de entrada.

La primera se refiere a la posibilidad de que IU-UP entre a formar parte de un hipotético gobierno de coalición en España. Esta posibilidad vendría dada por la actual configuración
de fuerzas parlamentarias, como resultado de las Elecciones Generales del 20-D. Sobre este punto es conveniente destacar que IU-UP no ha recibido ninguna oferta en este sentido, sino que la misma viene del que se configura como fuerza principal de sustento del PSOE para alcanzar la Presidencia del Gobierno, esto es PODEMOS.

A partir del análisis de coyuntura que más adelante abordaremos, desde el Partido Comunista entendemos que ante la posibilidad (o hipótesis) de poder desalojar al PP del Gobierno, los diputados de IU-UP sólo pueden dar el voto de investidura a quien se presente como candidato alternativo, e inmediatamente pasar a la oposición. El voto de investidura se otorgaría a partir de que se asumen unos presupuestos políticos básicos que respondan a las emergencias sociales de la población del país, y que aparecen recogidas en el acuerdo alcanzado por la Presidencia Federal de IU celebrada el 28 de enero y resumidas en el informe de coyuntura aprobado por el Comité Federal del PCE, celebrado el 30 de enero. Estos compromisos mínimos y urgentes requieren que desde nuestro papel en la oposición sigamos defendiendo el programa de ruptura democrática con el que concurrimos a las elecciones y que responde a la crisis social, atacando a la raíz del problema, el sistema capitalista en nuestro país.

En cualquier caso, el acuerdo que se alcanzara debería ser consultado a la militancia en su correspondiente referéndum interno, en el que los comunistas defenderíamos esta posición: negociación política de mínimos de emergencia a cambio del voto de investidura y paso a la oposición parlamentaria. Cualquier otra fórmula que se pretendiera explorar, aparte de quimérica, sólo nos llevaría a volver a padecer las fortísimas contradicciones internas a la que nos abocó el acuerdo de gobierno en Andalucía y que nos colocó frente a una contradicción insalvable: atacar al bipartidismo, sustentador del sistema, mientras que se apoya a una de sus patas… La experiencia ya ha sido sancionada por la práctica y no debemos olvidarla.

En otro orden de cosas, se ha cruzado en el debate la llamada a articular una posición común sobre la construcción europea en torno al llamado “Plan B de Varoufakis”. Este llamamiento incluye la constitución de una fuerza política que lo sustente y que coincide con las fronteras ideológicas y políticas de una buena parte de los integrantes del PIE, y por otro lado, con alguna de las fuerzas emergentes surgidas en el Sur de Europa. Se ha despertado cierto desconcierto al aparecer entre los firmantes de esa iniciativa algunos camaradas relevantes de nuestra Organización. A este respecto queremos señalar que las tesis aprobadas por nuestro Congreso, así como las recientes resoluciones y propuestas políticas que hemos ido desarrollando en este Comité Provincial, que tendrán su continuidad en el debate colectivo que hoy arrancamos, establecen con nitidez que para los pueblos de Europa no existirá posibilidad de emancipación sin la ruptura con la UE y la Europa del euro. Por tanto, nuestra posición es que debemos defender la salida de la UE y del euro, frente a los que sigan defendiendo que la UE es reformable. La experiencia griega muestra a las claras que seguir pretendiendo la reforma de la UE desde dentro no es más que seguir persiguiendo una entelequia.

Es por lo anterior por lo que nuestra militancia debe tener claro que el llamado “Plan B” no es nuestro plan, y que la formación política que pretende construir no es la nuestra.

Despejadas estas dos cuestiones anteriores, pasamos a exponer las conclusiones
mayoritarias de los debates que se han ido manteniendo en las agrupaciones y comarcas, como mecanismo de reflexión colectiva ante los acontecimientos vividos y especialmente una vez concluido el ciclo electoral que hemos afrontado durante todo el año 2015. Tras las elecciones del 20-D nos emplazamos a un debate en profundidad, que tenemos la oportunidad de volcar en el proceso congresual abierto por el Comité Federal, por tanto, ninguna de las reflexiones y propuestas de la militancia van a quedar desaprovechadas. Eso sí, habrá que encauzarlas según las normas aprobadas, puesto que el pasado día 30 de enero se procedió a convocar el XX Congreso del PCE en dos fases. Es el momento de que el conjunto de muestra militancia debata, apruebe y actúe en consecuencia.

Resulta urgente e inaplazable la toma de acuerdos que se deben producir en la primera fase del Congreso. Pero debemos dotarnos de un marco de referencia y es el que aquí sometemos a consideración.

Situación socioeconómica y escenario político e institucional
Es fundamental entender que la crisis social que soportamos (depauperación de las condiciones de vida de la clase obrera y sectores asalariados, pérdida de derechos sociales y políticos, desempleo masivo, incremento de la brecha social entre hombres y mujeres, etc…) es sistémica y no coyuntural. Esto quiere decir que el capitalismo no ha sufrido pérdidas: al contrario, los beneficios se han multiplicado y el proceso de acumulación de capital se ha acelerado. Además, cuando el sistema bancario entró en pérdidas a causa de sus experimentos especulativos (entre otros la burbuja inmobiliaria) fue convenientemente rescatado y saneado con dinero público.

La crisis social se ve agudizada por las políticas monetarias y económicas marcadas por la UE. Es conveniente resaltar que las políticas de austeridad y recorte del gasto público impuestas por la UE son consustanciales a la misma. No hay que olvidar que el germen de la actual estructura de integración económica se sitúa en el acuerdo entre los monopolios del carbón y el acero. Desde ahí todo el desarrollo posterior no ha hecho sino anclar los mecanismos de acumulación capitalista y la conformación de una potencia imperialista que somete en su interno, entre otras, a las economías periféricas del Sur de Europa que asumen las políticas del centro como economías dependientes. El entramado jurídico-político-institucional de la UE responde a esto. Por tanto, la UE no es reformable… La alternativa de los pueblos de Europa pasa por construir una nueva fórmula de integración social y económica desde su soberanía, recorriendo el camino que en otras latitudes ya se inició.

Todo lo anterior nos debe llevar a entender que las actuales condiciones de vida de la clase obrera y los sectores populares no van a poder ser mejoradas por un supuesto crecimiento económico. Éste es sinónimo de acumulación de capital y para que se produzca, y como siempre, se hace a costa de la extracción de plusvalía y la devaluación del salario. Las actuales condiciones de vida de la clase obrera, lejos de mejorar, tenderán a empeorar y a perpetuarse.

El empeoramiento vendrá de la mano de la necesidad de acometer la siguiente crisis del capitalismo financiero, que se produce como consecuencia del estallido de la burbuja especulativa sobre las materias primas. Las “pérdidas” del sistema financiero volverán a ser enjuagadas desde el dinero público con más recortes a aplicar sobre los ya previstos y aún no ejecutados. Más miseria y más desprotección social.

En España, hemos visto como ante la movilización popular en respuesta a las políticas antisociales, el sistema político bipartidista y monárquico se ha recompuesto. Este proceso de recomposición ha sido facilitado por el reflujo en la movilización. Se ha tenido la habilidad de trocar la movilización en la calle por las ilusiones electorales, pero desde las instituciones no van a venir las respuestas a las demandas sociales. Esto puede abocar a una gran frustración colectiva y la experiencia histórica nos enseña que detrás estará esperando el fascismo.

Se alude a que vivimos una “crisis de gobernabilidad”, puesto que en el Parlamento actual no existen mayorías absolutas, pero no debemos olvidar que cualquiera de las opciones de conformación de gobierno pasan por una de las dos fuerzas del bipartidismo. El régimen político ha sido tocado, pero queda lejos de estar hundido. También debemos tener en cuenta que si España no es independiente para adoptar decisiones económicas autónomas por el sometimiento a las consignas de la UE, tampoco lo es para adoptar decisiones políticas soberanas. Por eso, de una u otra manera, es más que probable que se arme una solución de gobierno que se alinee con los postulados al servicio cómplice de las políticas vigentes del Imperio.

Tampoco debemos de perder de vista que en nuestro país se ha armado un auténtico estado penal que tiene los mecanismos y recursos listos para asegurar la gobernabilidad del proceso de restauración en cualquiera de los supuestos que se pudieran dar.

La propuesta comunista: la necesidad de articular la revolución democrática
Ante una crisis, que no lo es para el beneficio del capital, sólo cabe alzarse desde una posición de clase que confronte desde planteamientos que son, por definición, antagónicos. La emancipación del proletariado (que algunos tratan hora de llamar precariado en un error de aplicación de categorías) necesita de la expresión política de la necesidad de superación del capitalismo.

La abolición de la propiedad privada de los medios de producción se torna como la única vía para poder someter la economía a los intereses de la mayoría social. La nacionalización de los sectores estratégicos de la economía es la única forma de manera inmediata de satisfacer las necesidades más básicas de aquellos a los que se les niega lo más básico por mor de los intereses de la especulación y la acumulación capitalista.

Para alcanzar este objetivo se requiere conquistar el poder político y esto requiere volver a plantear y ganar la lucha ideológica. El combate ideológico debe ser apuntalado desde el reconocimiento de la clase. Si vivimos unos momentos de baja conciencia de clase deberíamos preguntarnos si nos hemos dedicado a extenderla, o si por el contrario hemos colaborado con la situación.

El sistema ganó cuando supo instalar en el imaginario colectivo el concepto de “clase media”. Hoy, el espejismo desaparece, pero se empieza a colar otro no menos peligroso como es el de “ciudadanía”. Uno en el pasado, y otro en el presente, no buscan sino evitar el reconocimiento del hecho material de pertenencia a la clase de los explotados para evitar la organización política de la misma. Por eso es fundamental que nuestra propuesta política revolucionaria actúe de forma pedagógica, porque sin extensión de la conciencia de clase no habrá conquista del poder político.

En este sentido es básico huir de postulados que abunden en los significantes vacíos al igual que insistir en la formación de nuestra militancia en el manejo de un análisis de la realidad basado en las leyes y categorías del materialismo dialéctico y el materialismo histórico. La izquierda marxista no se construye sobre el recuerdo de nuestro glorioso pasado, sino sobre el futuro que pueda conquistarse sobre nuestros objetivos revolucionarios socialistas.

Huir de significantes vacíos significa explicar con claridad que nuestra propuesta política quiere conquistar la democracia plena, y no habrá democracia política sin democracia social. No habrá democracia social sin la salida de la UE y del euro, de la OTAN, y del Pacto del 78.

Nuestra propuesta se sitúa en la ruptura, enmarcada en un proceso de revolución democrática, que es una revolución contra la dictadura del capital. La revolución democrática necesita impulsar un proceso constituyente que tenga por objetivo las bases de una República Democrática de los Trabajadores. Los comunistas no renunciamos a nuestro objetivo de alcanzar el Socialismo, pero es claro que no podemos abandonar la lucha de la revolución democrática para poder seguir empujando el proceso histórico hacía nuestro objetivo final. Desentendernos de la lucha contra la autocracia capitalista nos alejaría del proceso de acumulación de fuerzas y de las aspiraciones más inmediatas de inmensas capas sociales.



Construcción de la Unidad Popular desde la movilización social
Las demandas de la clase trabajadora no van a ser resueltas de la mano de las instituciones del Régimen del 78, por lo que es imprescindible la ruptura con el mismo. Para esa ruptura se necesita articular la movilización y la respuesta social desde estrategias unitarias y de clase. A este proceso político es a lo que llamamos Unidad Popular.

La Unidad Popular debe ser construida desde la unión de la clase obrera y los sectores populares y asalariados, en torno a sus organizaciones referentes. Pero ésta no se dará en el vacío, ni en la mera declaración de intenciones, porque el proceso de acumulación de fuerzas se construye en la movilización. Ésta engendra las bases de creación de espacios de poder popular y educa políticamente a las masas en una relación dialéctica entre teoría y praxis.

Las plataformas unitarias y transversales de movilización, que hoy representan las Marchas de la Dignidad de manera especial, son los instrumentos desde donde alcanzar alianzas sociales que permitan construir acuerdos programáticos y políticos. En la movilización sostenida sobre reivindicaciones básicas contra el empobrecimiento constante de la clase encontraremos el anclaje para tejer un programa político de transformación social y acordar el discurso político que pueda ser exportado a otros escenarios (entre ellos el electoral y el institucional, que no son sino otros frentes de lucha).

Pan, Trabajo, Techo, Dignidad… y República hacen una llamada directa a los que sufren las condiciones de sobreexplotación del sistema, apelando a la realidad material de la clase. Pero además permiten explicar que no es posible la resolución de estos graves problemas en el actual marco económico y político. La ruptura que propugnamos se entiende perfectamente en esos marcos unitarios de acción, mientras que en determinados círculos políticos, o no se distingue de la reforma, o se sustituye de manera deliberada.

No existe proceso constituyente que no se haya armado previamente en torno a espacios sociales y políticos de poder popular. La confrontación que busca la superación política del sistema debe darse desde espacios reales de disputa del poder político. Ésto se muestra incompatible con acuerdos superestructurales por más regeneracionistas que se nos quieran presentar, valgan como ejemplo las plataformas ciudadanistas.

Nuestra propuesta de construcción de Unidad Popular parte del encuentro en la lucha social, para desde ahí abordar la lucha política. Lo contrario volvería a crear ilusiones y espejismos que quedaría a la espera de la llegada del mesías de turno.

Modelo de Partido para articular la respuesta social y política
Necesitamos un modelo de Partido que responda a los requerimientos de la nueva fase que definimos como la de la revolución democrática. En este proceso la clase necesita ser representada directamente y sin intermediarios. Para poder construir junto con otros muchos la Unidad Popular desde la movilización y el trabajo político, tenemos que poder ser interlocutores directos del conflicto social y en el seno del mismo. La lucha de clases en su expresión social, política e ideológica necesita de sus referentes plenamente identificados. Y eso no es posible hacerlo desde la clandestinidad autoimpuesta que hemos vivido hasta ahora.

De manera autocrítica tenemos que reconocer que el PCE necesita reformular sus planteamientos políticos, organizativos e ideológicos. Hemos perdido la orientación revolucionaria en pos de una estrategia estrictamente electoral, y la acción política se ha ido reduciendo a lo meramente institucional, al tiempo que se ha perdido la orientación revolucionaria y de clase.

Además el PCE está diluido en un modelo de IU que ha degenerado en un partido político al uso, de carácter socialdemócrata. Desarrollar un modelo de Partido en las condiciones de la revolución democrática y la estrategia de la Unidad Popular es incompatible con el mantenimiento de la actual conformación de IU.

Necesitamos recuperar la plena soberanía del Partido Comunista y el conjunto de sus funciones en todos los niveles: ideológico, político (incluido lo electoral e institucional) y organizativo (incluyendo lo económico). Además de realizar un rearme ideológico desde nuestros planteamientos más genuinos desde la recuperación del sentido de clase de nuestro Partido, huyendo de planteamientos basados en una retórica revolucionaria y una praxis socialdemócrata o directamente liquidadora. Huir del revisionismo (tanto de la realidad como de nuestras teorías básicas), del tacticismo y del oportunismo en el análisis y el discurso para entroncar con las propuestas coherentes con el método de análisis marxista y sus presupuestos.

Actuar en el marco del conflicto social requiere adecuar nuestras formas de organización en la base, pero para ello es indispensable poder actuar de forma autónoma. Hoy no es compatible la reconstrucción del Partido desde los planteamientos que apuntamos con el sostenimiento de estructuras partidarias paralelas que lastran y minan nuestros esfuerzos. Los espacios unitarios no pueden ser sustitutivos de las organizaciones que los integran, y menos cuando suponen un claro rebaje del contenido político e ideológico en la propuesta que lanzan a la sociedad.

Fortalecer el Partido Comunista para contribuir a la construcción de la Unidad Popular, en el proceso de acumulación de fuerzas inherente a la Revolución Democrática… Aquella que responde a la situación en las que ni los explotadores pueden seguir oprimiendo como lo venían haciendo, ni los explotados pueden seguirlo soportando.

Este es el momento del Partido Comunista, del referente nítido de la clase obrera y de sus aspiraciones, abierto a todos los que se reclaman del ideal emancipatorio de nuestra Clase.

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